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En el año 1900 llega a Rojas, como tantos otros inmigrantes, un calabrés analfabeto: Francisco Sabato. Fundó una familia de intelectuales que descollaron en la ciencia y en la literatura. Gran emprendedor, creó una industria a nivel de "pyme". Fue un visionario porque aplicó la mayor parte de sus ganancias para el estudio de sus hijos. Se daba cuenta de que el futuro estaba en la capacitación.

1900/1980

LA FAMILIA SABATO

Escribe: Ariel Labrada

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

Sabato, en la conciencia popular, es un apellido representativo de intelectuales que se han destacado en la ciencia, la literatura y el pensamiento. Le ha dado justificada fama la exitosa actividad de Juan, ingeniero y rector de la Universidad Tecnológica Nacional; Lorenzo, médico, diputado provincial, dirigente de la Unión Cívica Radical; Jorge, destacado físico de trayectoria internacional; Arturo, doctor en química y director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Y muy especialmente Ernesto, verdadero genio que ha brillado con igual intensidad en la física nuclear, en la literatura y en la defensa de los derechos humanos.

Pero lo realmente asombroso es que todo empezó con un calabrés POBRE y ANALFABETO que llegó en el año 1900 a la Argentina: Francisco Sabato. Su esposa, Juana María Ferrari era quien leía y escribía lo que él necesitaba.

Cuando desembarcaron en nuestro país, estuvieron corto tiempo en Buenos Aires y luego se radicaron en Rojas donde Francisco hizo los más diversos trabajos hasta que logró montar una carnicería. La forma rápida como fue prosperando nos hace pensar que, además de ser muy laborioso, estaba dotado de gran inteligencia que aplicó a la actividad comercial e industrial, en un país y una zona que estaba en vertiginoso crecimiento, que él supo aprovechar. De la carnicería pasó a una panadería en 1907, que luego se amplió con el molino harinero (1917) y la fábrica de fideos. Un aviso comercial del año 1923 revela que producía 8.400 kilos de harina cada 24 horas, y 1.200 kilos de fideos y 1.500 kilos de galleta cada ocho horas.

El matrimonio tuvo once hijos, tres de los cuales murieron en su primera infancia. De los otros ocho (todos varones), los dos mayores se dedicaron a la actividad económica, cuatro a carreras universitarias y dos a la bohemia.

Entre las características asombrosas de esta familia, hay algo que nos impone hacer una reflexión. Si hoy requiere un serio esfuerzo costear los estudios superiores de un hijo, mucho más ha sido para Francisco mandar cuatro a estudiar fuera de Rojas, desde la escuela secundaria (no existía tal cosa en nuestra ciudad) y luego en la facultad que -aunque era del Estado- la enseñanza no era gratuita. Evidentemente, era un visionario porque invirtió la mayor parte de sus ganancias en la capacitación de sus descendientes.

VICENTE Y SU HIJO JORGE

El mayor de los hermanos, Vicente Esteban, se casó con Brígida Condron, perteneciente a una familia de irlandeses propietarios de campos de mediana extensión. Se dedicó a la explotación agropecuaria sin nada espectacular.

Lo verdaderamente trascendente fue la intensa actividad intelectual de un hijo de este matrimonio, Jorge Alberto, nacido en 1924. Profesor que -entre otros libros- escribió " Introducción a la Física", conjuntamente con Alberto P. Maiztegui, y que ha servido de manual durante décadas en los más distintos colegios.

En 1955 creó el Departamento de Metalurgia de la Comisión Nacional de Energía Atómica, que actualmente se denomina "Instituto Jorge A. Sabato" en su homenaje. Ejerció el cargo de director hasta 1968.

Actuó en universidades de la Argentina, Standford (USA), Birmihghan (Gran Bretaña), Campinhas (Brasil) y otras de Chile, México y Venezuela, y recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de París.

Ha sido miembro de organismos donde se agrupan científicos del más alto nivel, como el "Club de Roma" y la "Fundación Bariloche", como también asesor de la ONU y del Pacto Andino.

Ha publicado trabajos de su especialidad en español, francés, portugués y alemán, pero nunca abandonó su sencillez y extraordinario buen humor. En su autobiografía se reconoce como "hincha de Gardel, del fútbol de potrero, del guiso de arroz, las camperas y la siesta". Son memorables las páginas que escribió para la revista "Humor", donde entremezclaba la ciencia y la alta política con las situaciones más jocosas.

Falleció en 1983 y, a su pedido, los restos mortales descansan en el cementerio de la ciudad de Rojas.

Después de haber residido en Buenos Aires, Francia, Inglaterra, Canadá, USA y Brasil, en una vida activísima, eligió a su tierra natal para el reposo eterno.

FRANCISCO, HOMBRE DE NEGOCIOS

El segundo hijo llevaba el mismo nombre de su padre y era diferenciado en Rojas por el sobrenombre de "Pancho". No deslumbró en la ciencia ni en el arte, sino que volcó en el comercio la inteligencia que le brindaban sus genes. Y en esa actividad logró éxitos que lo caracterizaron como el más acaudalado de los hermanos… aunque las cifras no fueron exorbitantes.

Su vocación mercantilista no le creó anteojeras, ni lo hizo insensible al entorno familiar. Fue solidario, a tal punto que colaboró económicamente para la carrera de los cuatro hermanos que habían elegido el estudio de las ciencias como objetivo de sus respectivas vidas.

Abarcó diversos rubros. Comenzó como socio de su padre en la fábrica de fideos, explotó una estación de servicios, incursionó en la producción agropecuaria, creó como verdadero pionero una fábrica de agroquímicos y realizó un loteo en las sierras de Córdoba en la década de 1940, época de euforia para esos emprendimientos.

JUAN Y EL DESARROLLO TECNOLÓGICO

El 24 de julio de 1904 nace otro hijo del matrimonio Sabato-Ferrari y deciden ponerle un único y simple nombre: JUAN. Cumplió con la escuela primaria en la ciudad de Rojas y luego se trasladó a La Plata para hacer los estudios secundarios y universitarios, hasta lograr el título de ingeniero. Eso no le impidió cultivar deportes como rugby, natación, esgrima y llegó a ser un destacado jugador de básquet en el equipo de Estudiantes de La Plata.

Sus biógrafos lo destacan por su actividad a favor del desarrollo energético y su firme posición en defensa de la empresa estatal como medio válido y necesario para lograr aquel objetivo de profundo espíritu nacional.

En el año 1936 apareció, por primera vez, el proyecto de construir un gasoducto. En este caso era para que YPF proveyera de gas a la ciudad de Buenos Aires, en una época que se perdía ese elemento venteándolo, ante la ausencia de instalaciones para transportarlo. Juan Sabato lo hizo conjuntamente con el ingeniero Julio V. Canessa.

En la década de 1940 se produjo un escándalo a raíz de que la empresa CHADE, vinculada al trust internacional de la electricidad, había obtenido ventajas excesivas a través de la corrupción de funcionarios del gobierno conservador y fraudulento. Un cambio brusco de las autoridades nacionales hizo que en 1943 el presidente de facto Gral. Pedro Pablo Ramírez lo designara como integrante de la comisión encabezada por el coronel Matías Rodríguez Conde y, al cabo de un año, produjeron un exhaustivo informe que nunca fue utilizado hasta sus últimas consecuencias. Juan había sido pieza fundamental de esa investigación que, aunque no logró los cambios esperados, sirvió para dejar claramente fijada su postura en defensa del patrimonio nacional.

Durante la presidencia de Arturo Frondizi (1958-1962) se opuso a los contratos petroleros que hizo YPF y que fueron el punto inicial de un camino que terminó en la privatización de esa empresa que era orgullo nacional. La paradoja es que su hermano Arturo estaba al frente de ese organismo, impulsando los polémicos contratos. Una inevitable ruptura familiar hizo que no se hablaran durante muchos años, hasta que los hijos de ambos lograron una reconciliación.

Años antes de alcanzar la primera magistratura, Frondizi había publicado un meduloso libro denominado "Petróleo y Política", donde predicaba la necesidad de que el Estado tuviera el monopolio de la extracción y distribución de ese combustible. Lo realizado después fue por una vía contraria, cosa que irritó a los fervientes defensores del patrimonio nacional, como era Juan.

Luego, en 1964, el presidente Arturo Illia lo designó como subsecretario de combustibles, de la Secretaría de Energía. Desde allí impulsó la anulación de aquellos convenios.

También ocupó el cargo de rector de la Universidad Tecnológica Nacional desde 1964 hasta 1966 donde tuvo destacada actuación. La municipalidad de Buenos Aires entrega anualmente un premio que lleva el nombre de Juan Sabato.

LORENZO, MÉDICO Y POLÍTICO

Cuando logró su diploma de médico cirujano, Lorenzo Sabato volvió a su ciudad natal donde ejerció su profesión con capacidad y esmero, virtudes que le permitieron captar una numerosa clientela que le fue muy fiel. La ejerció durante muchos años y se quedó en el terruño hasta el final.

Entusiasta integrante de la Unión Cívica Radical, líder en el comité de Rojas, llegó a ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. Fue un ferviente yrigoyenista.

Existió una constante en su vida: siempre le tocó "poner la cara" en duros enfrentamientos. Primero fue contra un conservadorismo fraudulento y luego contra un peronismo avasallador.

Desde 1945 hasta 1955 afrontó los duros choques entre peronistas y radicales, nada placenteros por cierto. Su firme postura en esa lucha le permitió ocupar durante el año más difícil (1955-1956) el cargo de Comisionado Municipal de Rojas, cuando la denominada " Revolución Libertadora" se había propuesto "borrar" la ideología justicialista y sus organizaciones.

JOSÉ Y LA BOHEMIA DEL CIRCO

En la década de 1920 no existía la televisión. Apenas era incipiente la radiotelefonía y el cinematógrafo que poco y nada llegaban a las poblaciones del interior. En esa orfandad de espectáculos, ciudades pequeñas como Rojas (10.000 habitantes) recibían con alborozo la llegada de algún circo de los que deambulaban por el país y muy especialmente por la Pampa Húmeda.

Ingresaban ruidosamente al poblado con bombos, platillos y cualquier otro instrumento. Los chicos lo seguían a los brincos. Levantaban la carpa, con el esfuerzo de todos, instalaban sus aparejos, distribuían las sillas y se preparaban para dar una función donde los esforzados artistas exhibían sus destrezas en el alambre, el trapecio y los malabares, con la infaltable actuación del tony y el payaso entre uno y otro número.

Durante el intervalo, todos cambiaban de ropa y se maquillaban nuevamente para la segunda parte donde se representaban obras teatrales como "Juan Moreira", que hacía vibrar a la concurrencia, o soñar con el romanticismo de "El Rosal de las Ruinas" o temblar con dramas como " El beso mortal" donde se frustraba un casamiento al revelarse que el novio padecía de sífilis.

Cuando tenía dieciocho años, José Sabato ("Pepe") no pudo resistir la tentación de encauzar sus inquietudes sumándose a uno de esos grupos de gente estoica, desafiante de los fríos y calores, que pernoctaba en los más insólitos lugares y con recursos menos que elementales. Esto le generó un fuerte choque con su padre que, durante años, evitó todo contacto con él ya que, lejos de valorarlo como actividad artística, lo consideró "juvenil y alocada aventura".

Como no se puede soportar ese trajín mucho más allá de la juventud, luego de años de deambular, finalmente volvió a la vida sedentaria radicándose en la provincia de Mendoza, sin renunciar a sus inquietudes artísticas.

ARTURO Y EL PETRÓLEO

El menor de los hermanos fue Arturo, nacido en 1913. Se doctoró en química en la Universidad de La Plata en el año 1938 e ingresó a trabajar en la destilería de La Plata.

Fue profesor en la Universidad de Cuyo y ejerció el cargo de presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales durante el gobierno de Arturo Frondizi. Partidario de la teoría desarrollista, tuvo preponderante actuación en los contratos petroleros que desataron fuertes polémicas y que lo llevaron a enemistarse con su hermano Juan, como ya he referido.

Estuvo vinculado también a un emprendimiento de su hermano Francisco, siendo pieza fundamental en la creación de una fábrica de agroquímicos que aquél impulsó.

ERNESTO

El más famoso de los Sabato nació el 24 de junio de 1911 y, tal como todos sus hermanos, fue en la ciudad de Rojas. Sus nombres completos son Ernesto Roque. El primero en homenaje a un hermano fallecido poco tiempo atrás y el segundo por la admiración que su padre tenía hacia Roque Sáenz Peña.

Como joven estudiante, fue activista de izquierda en La Plata donde tomó contacto con la dura realidad social de los obreros y tuvo que pasar a la clandestinidad cuando se produjo el golpe militar del Gral. Uriburu.

En 1937 se doctoró en ciencias Fíísico-Matemáticas y, por recomendación del Dr, Bernardo Houssay, fue becado para trabajar en el laboratorio Curie de París. Luego pasó al Massachussets Institute Tecnology de Boston donde hizo un trabajo relativo a los rayos cósmicos.

Después de haberse destacado en esos organismos científicos del más alto nivel, hizo un nuevo análisis de su real vocación y se definió por la literatura, cosa que le costó la enemistad con Houssay.

Así surgieron el ensayo "Hombres y engranajes" y las novelas "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas", iniciando una carrera exitosa, con ediciones de muchos miles de ejemplares y traducciones a distintos idiomas.

Denunció con valentía las torturas y desapariciones de personas y el robo de bebés en la época del denominado "Proceso de Reconstrucción Nacional".
En el año 1984 el Rey de España le entregó el premio "Miguel de Cervantes" y la Municipalidad de Buenos Aires le otorgó el título de "ciudadano ilustre", cosa que también hizo la municipalidad de Rojas en el año siguiente. Solo le faltó el Premio Nobel.

Ariel Labrada
Enero de 2010

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© CiudadRojas, enero de 2010.