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Como remezón de un levantamiento armado del radicalismo, en 1895 se decidió asaltar la comisaría de policía de Rojas, que estaba contigua a la municipalidad. El intendente Exequiel Carrasco salió a enfrentarlos con una carabina, y recibió varios balazos que le ocasionaron la muerte. La familia Carrasco juró vengarse y, cuando se cumplía el primer aniversario, en carnaval, un disfrazado mató a Juan Oyhanarte.

1809/1898

CARRASCO Y OYHANARTE
EL HOMICIDIO Y LA VENGANZA

Escribe: Irma Oger
irmao@clyfer.com.ar

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

LOS CARRASCO

Es una de las más antiguas y tradicionales familias de Rojas. Su fortuna y gravitación político-social deriva de las tierras que recibieron en 1809 por una merced de último virrey del Río de la Plata don Baltazar Hidalgo de Cisneros.

En 1821, a raíz del decreto del gobernador provincial Martín Rodríguez del 24 de diciembre de ese año que suprimió el régimen de cabildos por jueces de paz designados directamente por el ejecutivo provincial. Don Gabriel Carrasco fue designado primer juez de paz de Rojas.

Al respecto, cabe señalar que mientras duró dicho régimen Rojas no tuvo “alcalde de la hermandad” (una suerte de funcionario municipal). Ni Pergamino, de quien dependía, se creyó obligado a nombrar un “teniente alcalde”. De modo que su máxima autoridad era el comandante militar que ejercía todas las funciones civiles y de policía legalmente delegadas por el poder central.

Conjeturamos que ello fue debido a la situación de Rojas en la línea de fronteras.

Don Gabriel Carrasco aparece asimismo entre quienes entre 1825 y 1830 recibieron tierras en virtud de la Ley de Enfiteusis de Bernardino Rivadavia.

Entre 1827 y 1828 cumple las funciones de juez de paz don Franscisco Carrasco (que presumimos hermano del anterior). Había sido designado por el gobernador provincial coronel Manuel Dorrego. Fue destituido al ser éste derrocado y fusilado por el general Juan Lavalle en diciembre de 1828.

En 1831 encontramos a Don Franscisco Carrasco integrando con Santiago Rivero y Juan Esteban González la comisión que debe proceder al reparto de solares en nuestro pueblo según decreto del gobernador don Juan Manuel de Rosas refrendado por su ministro Tomás Manuel de Anchorena.

Entre dicho año y 1834 ocupa nuevamente las funciones de juez de paz local.

En el mismo cargo encontramos a Atanasio Carrasco en 1864 y luego en 1867. Sancionada el 16 de marzo de 1886 la Ley Orgánica de las Municipalidades, don Franscisco Carrasco, hermano de Ezequiel aparece integrando con Dr. Juan P. Borbón, Juan P. Tormey, Santiago F. Ballesty y Antonio del Mármol la primera “comisión municial” designada por el gobierno provincial por acefalía de la municipalidad y cuya actuación se extendió entre diciembre de 1891 y febrero de 1892. (A propósito de esto, inferimos que tal situación debió ser una secuela de la inestabilidad política que se vivía en el país tras la Revolución del Parque que precipitó la renuncia del presidente Juarez Celman).

En 1895 era Intendente municipal de Rojas don Exequiel Carrasco. Era hijo de Exequiel Carrasco y de Petrona Barrera (que al enviudar se casó con Eleno Plummer). Estaba casado con Dominga Arauz. Tuvo una numerosa descendencia.

LOS OYHANARTE

Bernardo Oyhanarte y Ana Marías Brana constituyeron el tronco de esta prestigiosa familia rojense que dio no sólo a su pueblo sino también al país personalidades vastamente reconocidas en el campo institucional, político, cultural, periodístico y de la acción cívica.

Vascos franceses, arribaron al país a mediados del siglo pasado y como tantos de estos primeros inmigrantes se dedicaron a las tareas agropecuarias en nuestra zona. Radicados en esta ciudad, aquí nacieron sus hijos Miguel, Juan, Bernardo, Pedro, Claudia y Margarita.

Juan Oyhanarte se había casado con María Hegoburu. En 1881 fundó el periódico La Verdad, primera expresión periodística de Rojas. (A su muerte fue llevado por su familia a Junín y luego a La Plata donde siguió apareciendo hasta 1916 bajo la dirección de la hermana política de Juan, Mariana Hegoburu).

Algunos de sus descendientes alcanzaron notoriedad en el orden nacional.

SITUACIÓN POLÍTICA DEL PAÍS

No se podría quizás intentar relatar lo que sucedió en Rojas si no se da siquiera una idea somerísima de la situación política del país en esos años de la última década del siglo pasado.

La Revolución del Parque, renuncia de Juarez Celman, el gobierno de Carlos Pellegrini; el ascenso político de Leandro N. Alem.

En 1893 el Comité provincial de la Unión Cívica Radical que exhibía una notable organización que contrastaba con la del resto del país -ya que cada pueblo tenía el suyo- decidió que había llegado el momento de alzarse revolucionariamente. Así, el 31 de julio de ese año los radicales se adueñaron de casi todas las comisarías y municipalidades en una acción muy bien conectada. Se concentraron en Temperley tras varios días de sublevación.

Allí, el 7 de agosto, se reunió el comité provincial para elegir gobernador. Don Hipólito Yrigoyen, intensamente ovacionado se niega a aceptar el cargo para el que es finalmente designado el Dr. Juan Carlos Belgrano. En la cartera de obras públicas es elegido un abogado de 25 años: Marcelo T. de Alvear.

La situación, dentro de la extrema tensión que se vivía en el ámbito nacional, culmina a fines de agosto cuando el presidente Luis Sáenz Peña decreta la intervención a la provincia y se procede a desarmar a los revolucionarios. Pero también su suerte estaba echada y a principios de 1895 renunció, sucediéndole el vicepresidente José Evaristo Uriburu.

LA TRAGEDIA DE ROJAS

Antes de continuar queremos señalar que al no contar con un relato de rigor histórico nos remitimos a los recuerdos de algunos memoriosos que escucharon la narración de los acontecimientos en su infancia o a través de sus mayores y tradicionales familiares transmitidas de generación en generación. También a algunos recortes periodísticos de fuentes de dudosa imparcialidad.

El 1º de marzo de 1895, quizás como un remezón de aquellos sucesos, una manifestación radical, marchó hasta la plaza San Martín al parecer con ánimo de liberar a dos radicales presos y, eventualmente, tomar la Intendencia. (Al respecto cabe acotar que la U.C.R. local se había constituido bajo la presidencia de Juan Oyhanarte el 8 de julio de 1891, a sólo doce días de la formalización del partido en el orden nacional).

Eran las cuatro y media de la tarde. El entonces intendente municipal don Exequiel Carrasco salió a la puerta del edificio municipal y se armó con una carabina de la comisaría.

Sonaron tiros de uno y otro bando. Varios alcanzaron al jefe comunal que cayó herido de muerte. Al parecer le habrían disparado desde una de las palmeras que entonces ornaba la plaza. Tenía 35 años.

El matador, que según versiones no sería de Rojas, escapó por la calle Bartolomé Mitre donde a unas pocas cuadras le esperaba un caballo ensillado con el que se dio a la fuga.

CARNAVAL CON CRESPONES

Los partidarios del intendente muerto atribuyeron indirectamente el hecho a su adversario político – que paradójicamente era en lo personal gran amigo de Exequiel – Juan Oyhanarte.

Se dice que en el entierro de Carrasco juraron vengarse. Un año tenso, lleno de oscuros y ominosos presagios se abatió sobre Rojas. Menudearon las discusiones, los encontronazos con amagos de sacar armas entre los adversarios políticos. Las murmuraciones, quizás las intrigas pintaron de vivos colores la tradicional calma pueblerina del Rojas de finales del siglo. El temor señoreó los espíritus y dio pábulo a toda suerte de versiones. Se decía en el pueblo que iban a matar a Juan Oyhanarte.

El 1º de marzo de 1896 se cumplía un año de la muerte de Carrasco y los faroles del alumbrado público – aquellos que se instalaron en 1867 por iniciativa de Francisco Roca – aparecieron cubiertos de crespones de luto. Como una ironía del destino, era carnaval.

LA NOCHE TRÁGICA

En la avenida había corso. Don Juan Oyhanarte, conminado por el temor de sus familiares a no salir, estaba sentado en la puerta de su casa de Alvear y Dorrego en compañía de su amigo Nicasio Bernal, abogado y periodista de San Nicolás y una hija de éste. El resto de la familia se había retirado a descansar.

En esos momentos apareció por la calle General Alvear un grupo de máscaras al parecer rumbo al corso. Una de ellas se separó de los demás y extrayendo un arma disparó contra Oyanarte, hiriendo también a la muchacha en una pierna. Don Nicasio Bernal exclamó “¡Así no se mata un hombre!” y salió en persecución del atacante. Relatan que este le gritó: “No me siga, que no quiero matarlo”. Al no ser obedecido disparó contra Bernal en la esquina de la avenida, abatiéndolo.
Se dice que corrió hasta los fondos de la casa de los Carrasco, sobre la actual calle Roca lindantes con la Sociedad Española, donde penetró saltando el tapial, lo que dio pie a la versión de que podría ser un servidor de la casa.

María Hegoburu, aterrada por los disparos, salio a la calle, al querer levantar a su esposo este murió en sus brazos, manchando de sangre el camisón de la mujer. Una tradición asegura que los familiares conservaron la prenda como una reliquia. Juan Oyhanarte tenía 34 años.

DOLOR Y SILENCIO

Al escribir estas líneas que entraman historia, vida y muerte, se entra en un clima emocional que quizás sea difícil transmitir. Aún así, apenas se puede imaginar lo que habrá sido Rojas esa noche y al día siguiente. Y mucho más. Meses. Años. Tocada la fibra más íntima de la población por la tragedia que se abatió sobre dos de las más queridas y tradicionales familias.

Los comentarios, los rumores, las hipótesis, las versiones de los que se creían saber algo… o todo. Con las lógicas implicancias políticas.

Nos da una idea de ellos el hecho de que don Julio Olivencia Fernández en su nunca bien ponderado Libro del Polígono, fuente ineludible e inapreciable de cuantos quieren asomarse a la historia lugareña, no haya hecho mención del hecho, sobre todo considerando que por la cercanía temporal debió haber tenido datos muchísimos más precisos de los que podemos encontrar ahora.

Era como si el duelo rojense fuera aún tan intenso que no podía hablarse de ello. La enemistad de las dos familias se prolongó por décadas. Hasta que el tiempo, que todo lo decanta al cabo, terminó dándoles el lugar de sucesos del pasado. Dolorosos siempre, claro. Para todos.

Así, esta pequeña reseña, que no pretende ser exacta por lo antedicho, tiene la sola aspiración de recordar algo que sucedió y que por involucrar a personas de rango institucional, político y periodístico, pertenecen a la memoria y al acervo histórico de la comunidad.

A más de cien años de tan desventurados sucesos, podemos sentir que ambas víctimas fueron hombres de bien que se jugaron la vida por sus ideas, hasta perderla. Merecen nuestro recuerdo y venerado respeto.

HECHOS POSTERIORES

Suponemos que en ambos casos se hicieron investigaciones oficiales. No sabemos cuan profundas ni a qué conclusiones arribaron. Posiblemente en archivos provinciales existen datos que quizás alguien investigue alguna vez.

Una versión confiable asegura que en San Nicolás se juzgó a un francés de apellido Soulé, maestro de escuela, por el crimen de Exequiel Carrasco.

No se conoce en qué terminó el asunto. También se había comentado que lo habrían llevado a cometer el hecho razones particulares. Obviamente esto no fue creído.

En nuestra ciudad, el cargo de Intendente fue cubierto interinamente por don Manuel A. Linera y a partir de 1887 por don Manuel Leguía.

En el orden nacional la situación seguía plagada de dificultades…

Para los radicales las cosas no estaban mejor: en el curso de 1886 se había suicidado Leandro N. Alem. Ello precipitó una crisis interna que hizo eclosión a fines de septiembre de 1897 cuando, ante lo que consideraban graves desaciertos de la Convención Nacional del partido, el Comité de la Provincia renunció en pleno disolviendo el organismo. Comunicó la decisión en nota encabezada por las firmas de Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear.

El 12 de octubre de 1898 asumió por segunda vez la presidencia de la republica quien, para algunos, fuera siempre “el poder detrás del trono”: el general Julio Argentino Roca.

Irma Oger
Enero de 2010

BIBLIOGRAFÍA

  • Julio Olivencia Fernández: El polígono de Tiro General Alvear y el Pueblo de Rojas, 1923.
  • Félix Luna: Soy Roca.
  • Félix Luna: Alvear
  • LA VOZ DE ROJAS: Rojas desde su fundación hasta principios de siglo. Edición de fin de año, 1973.
  • Breves apuntes históricos y actuales del partido de Rojas, 1977.
  • Agradecemos a las siguientes personas por los datos aportados: Nélida Haydée Carrasco de Bertolotti; José María Sansirena; Hermidio Pérez; Luis Rodolfo Almar; Adela N. Piñeiro de Mensor.
  • Reconocimientos póstumo a don Dionisio La Río, cuyos recuerdos se reflejan en este trabajo.
  • La idea de realizarlo nació en la autora en el marco de su concurrencia al Taller de Orientación Turística que dirigió la Sra. Nelly Badel.
Permitida la reproducción total o parcial del material aquí publicado, citando la fuente.
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© CiudadRojas, enero de 2010.